Chronica, Vol. 4, Núm. 4, enero-diciembre 2025,
ISSN 2953-3376, pp. 34-58
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Creative Commons 4.0 Internacional.
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Igual)
Misionar en el oeste pampeano: el acervo documental
del salesiano Ángel Buodo (1914-1945)
Missionary work in the
pampean west: salesian Ángel Buodo´s repository (1914-1947)
Mariana Elisabet Funkner
Instituto
de Estudios Históricos y Sociales de La Pampa (IEHSOLP)/Instituto de Estudios
Socio-Históricos (IESH), FCH-UNLPam
marianafunkner@gmail.com
Profesora y Licenciada en Historia por la
Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam). Doctora en Historia por la
Universidad Nacional del Centro (UNICEN, sede Tandil). Investigadora en el
Instituto de Estudios Socio Históricos (Facultad de Ciencias Humanas-UNLPam) y en
el Instituto de Estudios Histórico Sociales de la Pampa (CONICET-UNLPam).
Docente del Departamento de Historia de la Facultad de Ciencias Humanas
(UNLPam).
Rocío Guadalupe Sánchez
Instituto
de Estudios Históricos y Sociales de La Pampa (IEHSOLP)/Instituto de Estudios
Socio-Históricos (IESH), FCH-UNLPam
rocioguadalupesanchez@humanas.unlpam.edu.ar
Profesora y Licenciada en Historia por la
UNLPam. Doctora en Historia por la UNICEN, sede Tandil. Investigadora en el
Instituto de Estudios Socio Históricos (Facultad de Ciencias Humanas-UNLPam) y
en el Instituto de Estudios Histórico Sociales de la Pampa (CONICET-UNLPam).
Docente del Departamento de Historia de la Facultad de Ciencias Humanas
(UNLPam)
Stella M. Cornelis
Instituto de
Estudios Históricos y Sociales de La Pampa (IEHSOLP)/Instituto de Estudios
Socio-Históricos (IESH), FCH-UNLPam
stellacornelis08@gmail.com
Profesora en Historia y Especialista en
Estudios Sociales y Culturales por la Universidad Nacional de La Pampa
(UNLPam). Investigadora del Instituto de Estudios Socio Históricos (Facultad de
Ciencias Humanas-UNLPam). Docente de los Departamentos de Historia, Geografía y
Comunicación Social de la Facultad de Ciencias Humanas (UNLPam).
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Resumen El artículo presenta un acervo documental sobre las
misiones del sacerdote salesiano Ángel Buodo en el Territorio Nacional de La
Pampa (1914-1945). En la primera parte se hace referencia a las misiones
franciscanas y salesianas en el territorio pampeano y se focaliza en la
figura de Buodo. En un segundo apartado se exponen las fuentes, los tipos y
las características y se enuncia un conjunto de temas factibles de trabajar
con dicho material. El religioso, además de formar parte de la estrategia
misionera de la congregación salesiana, fue una figura destacada dentro y
fuera de la Iglesia católica. La documentación es rica tanto por lo
exhaustivo y variado de los registros como por su potencia analítica dada su
amplitud temática. |
Palabras
clave Catolicismo
Salesianos Misiones Fuentes documentales |
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Abstract This paper shows a document
repository relating to the missionary work of the salesian Ángel Buodo in the
Territorio Nacional de La Pampa (1914-1945). The first part refers to the
catholic missions (franciscan an salesian) in the pampean territory and
focuses on the Buodo´s missionary work. The second part of the article
presents the sources, types and their characteristics. Moreover, it
introduces a group of themes that can be explored and analized with this
material. Buodo, besides the fact that he was a part of the salesian
missionary strategy, was a well known personality both inside and outside the
catholic Church. This document collection has a rich potential for
researchers from many disciplines given its broad thematic scope. |
Keywords Catholicism Salesians
Missions Documentary resources |
Recibido: 3/5/2025 - Aceptado: 28/6/2025
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Misionar en el oeste pampeano: el acervo documental del
salesiano Ángel Buodo (1914-1945)
1. Introducción
El objetivo de este artículo es presentar un
acervo documental sobre las misiones salesianas en el Territorio Nacional de La
Pampa. Específicamente, en torno al sacerdote italiano Ángel Buodo y su trabajo
misionero en el oeste pampeano, desde 1914 hasta 1945. El material presenta una
enorme riqueza por su amplitud temporal y temática. Es por ello que puede
resultar de interés no solo para quienes se dediquen a investigar cuestiones
relacionadas con el catolicismo. Cabe subrayar, asimismo, que Buodo fue una figura
destacada dentro de la Iglesia, así como también para la Historia local.[1]
En relación con la producción historiográfica
sobre la congregación salesiana, identificamos diversos estudios que se han
abocado a indagarla. Por un lado, aquellos que provienen de la institución
eclesiástica y son obras de carácter general, como las de Cayetano Bruno
(1981), y sobre La Pampa en particular, las de Roberto Tavella y Celso Valla
(1975) y Lorenzo Massa (1967), que detallan la obra misionera, la fundación de
capillas y escuelas, entre otros aspectos. Estos trabajos, más allá de su
mirada apologética, constituyen un insumo necesario para quien quiera estudiar
temas afines. En su mayoría, incorporan gran cantidad de material documental,
transcripciones de fuentes o información para rastrearlas. Asimismo, contienen
descripciones y cronologías que son sumamente útiles para las/los
investigadoras/res.[2]
Por otro lado, reconocemos varias indagaciones
efectuadas desde ámbitos académicos. Aquí referimos, sin ánimo de exhaustividad,
a los trabajos enfocados en la Patagonia, como los de María Andrea Nicoletti
(2004, 2005, 2007 a y b, 2008, 2012, 2020) que abordan el rol evangelizador
salesiano.[3]
Conjuntamente con Ariel Fresia, también indagaron sobre la denuncia del
salesiano Antonio Ricardi relacionada con la violencia cometida contra los
indígenas por el ejército argentino entre 1879 y 1883 (Nicoletti y Fresia,
2014).[4]
Las misiones de congregaciones y órdenes religiosas, entre ellas la franciscana
y la salesiana, dedicadas a la evangelización indígena, han sido tópicos
examinados por Ana Teruel (2005), Gabriela Dalla-Corte Caballero (2014), Romina
Casali (2012-13 y 2014), Ana Rosa Butto (2018) y Rocío Guadalupe Sanchez (2012,
2019).[5]
Asimismo, se han analizado distintas aristas del accionar educativo desplegado
por la congregación en los territorios del sur argentino (Nicoletti, 2003,
2007a; Pierini, 2006; Carrizo, 2014). Además, se ha estudiado el papel
desempeñado por la congregación en otros espacios, como Tucumán (Landaburu,
2012), Córdoba (Moretti, 2014) o Mendoza (Fresia, 2012 y 2016).
No podemos dejar de mencionar las
investigaciones desarrolladas específicamente para el espacio pampeano. Por un
lado, Ana María Rodríguez (2013) ha indagado el lugar que ocupó la religión en
la sociedad territoriana, en la etapa de formación de esa área incorporada al
Estado nacional argentino a fines del siglo XIX. La autora analizó el
catolicismo y sus pretensiones de construir una sociedad territoriana a su
semejanza, la composición del clero, la relación entre el Estado en sus
distintos niveles y las varias expresiones institucionales de la Iglesia
católica, la aplicación de las “leyes laicas”, los conflictos generados en
torno a los propósitos confesionales, el anticlericalismo y la vinculación
entre las identidades religiosas y las étnicas (colonos alemanes de Rusia e
indígenas). Por otro lado, Sanchez (2017) analiza la relación
Catolicismo-Estado-sociedad en una zona de frontera a fines del siglo XIX y
primera década del XX, a partir del estudio de la acción misionera desarrollada
por la Orden de los Frailes Menores (OFM), con sede en Río Cuarto (Córdoba), en
el espacio pampeano durante el período 1870-1910.[6] El
trabajo muestra dos grandes momentos de la empresa misionera, antes y después
de la mal llamada “conquista del desierto”, y cómo los franciscanos debieron
reacomodarse para no perder la jurisdicción espiritual sobre la Pampa central.
Las misiones volantes (visitas itinerantes), por los recientes poblados y
parajes del territorio nacional, implicaron el establecimiento de relaciones
con nuevos interlocutores, nuevas autoridades tanto civiles como eclesiásticas.
Sin embargo, la supremacía religiosa de la que gozaban se resquebrajó en la
década de 1890, por la emergencia de la Congregación Salesiana.[7]
Para el caso de la educación salesiana en La
Pampa, recientemente se ha publicado un trabajo colectivo, editado por Stella
Cornelis, Mariana Funkner y Ana María Rodríguez (2025), que indaga en la trama
institucional del desarrollo de los distintos colegios salesianos en la
provincia de La Pampa, desde 1896 hasta 2023. En esa misma línea contamos con
la investigación de María José Billorou (2015), quien se aboca al estudio del
caso particular del Colegio María Auxiliadora de Santa Rosa. También, desde la
óptica de las prácticas corporales y la educación física, Cornelis (2012)
estudia el disciplinamiento de infantes y jóvenes que formaron parte de los
Exploradores de don Bosco.
En suma, a partir de este artículo pretendemos
aportar a esa área de conocimientos, dar continuidad a las líneas de
investigación y, esencialmente, socializar la riqueza del corpus documental
generado por la tarea misionera de Ángel Buodo. Tal como mencionamos al
principio de esta introducción, lo interesante de este material es su amplitud
temática y, por consiguiente, su potencial para llevar a cabo pesquisas que no
solamente se inscriban en el ámbito de la disciplina histórica, dado que
‒debido a la información que aportan‒ pueden concitar la atención
de cientistas pertenecientes a campos de estudio como la geografía, la
biología, recursos naturales, entre otros. También puede ser de interés para
abordar aspectos como la cartografía de la cristiandad local, las marcas del
poder y la territorialidad eclesiástica (Gallardo, 2016; Nicoletti, 2019); la
formación y circulación de saberes, la conformación de un entramado de vínculos
y redes, cimentado a partir del accionar del misionero, con diversos actores
locales y regionales (Bilbao, 2020).
La
estructura del trabajo consta de dos partes. En la primera hacemos referencia a
las misiones católicas, franciscanas y salesianas, en el territorio pampeano.
Asimismo, nos detenemos en el perfil de Buodo y su desempeño misionero. En la
segunda parte, presentamos las fuentes, sus características y los potenciales
temas que pueden trabajarse a partir de ellas.
2. La Pampa misionera
2.1. Franciscanos y
salesianos
La Pampa Central fue, entre otras cosas,
territorio de misión a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Los franciscanos
pertenecientes al Colegio de Propaganda Fide de Río Cuarto realizaron los
primeros viajes “tierra adentro” como parte de campañas militares, en la década
de 1860.[8]
El objetivo central de este tipo de colegios misioneros refería a la fundación de
reducciones indígenas. En el caso del convento de Río Cuarto, los religiosos
debían hacerlo con las comunidades ranqueles, pero diversos obstáculos
impidieron dicho accionar. Existieron dos experiencias breves en los fuertes
Sarmiento y Villa Mercedes. No obstante, durante una década, los religiosos
cumplieron funciones de mediación en las redes de rescate de cautivos y en los
tratados de paz. La mal llamada “Conquista del Desierto” y la posterior
creación del Territorio Nacional de La Pampa constituyeron un momento crucial
en el desarrollo y continuidad de la misión franciscana.[9] En
esta etapa de re-poblamiento pampeano se configuró un catolicismo en el que la
propia sociedad fundacional fue su protagonista principal. En este sentido, los
sacerdotes tuvieron que reacomodar su estrategia misionera. Para ello,
organizaron su práctica a partir de misiones volantes (visitas itinerantes),
por los nuevos pueblos y parajes, y se relacionaron con otros interlocutores
(autoridades, tanto civiles como eclesiásticas). En ese escenario la
legitimidad construida, a partir del accionar previo, comenzó a cercenarse en
la década de 1890 por la emergencia de la congregación salesiana.[10]
Los
misioneros salesianos, avalados por el arzobispo bonaerense, iniciaron sus
recorridos por algunos parajes pampeanos a principios de la década de 1890.[11]
La Congregación Salesiana poseía jurisdicción sobre los territorios
patagónicos, pero no estaba claro el límite norte. Desde su primera presencia
en el espacio pampeano, los franciscanos denunciaron “maniobras subterráneas”
por parte de los seguidores de don Bosco para “apoderase de General Acha y
extender sus dominios hasta la provincia de Córdoba”.[12] En
este contexto, el arzobispo de Buenos Aires, Federico Aneiros, realizó un
primer ofrecimiento del territorio pampeano a la congregación salesiana en
1890. Esa comunidad religiosa poseía la capacidad suficiente para hacerlo, su
impronta moderna, su estructura organizativa y la posibilidad de contar con
sacerdotes fijos en el territorio la mostraba más sólida que su par
franciscana. Finalmente, Aneiros adjudicó la jurisdicción espiritual del
Territorio Nacional a los “hijos de don Bosco”, en 1896.
Según los estudios de Rodríguez (2013), la
planificación de la misión salesiana se estructuró en torno a tres parroquias
‒General Acha, Victorica y Santa Rosa de Toay‒ y se orientó en dos
sentidos: por un lado, la tarea misional con la “parte civilizada” ubicada en
la franja este del Territorio, una población blanca, migrante y de mayoría
católica, diseminada en pueblos recién fundados, colonias y estancias. Por otro
lado, una tarea misional con la “parte atrasada”, el oeste pampeano, el
“desierto” poblado de “gauchos”, “indios”, “los infieles”, a quienes el
misionero tenía que civilizar y cristianizar. Cada parroquia debía contar con
un cura párroco que fuese, al mismo tiempo, director de la casa y se ocupara de
la “parte civilizada”; y un ayudante, el “socio”, que recorriera el extenso territorio de la zona asignada a esa
jurisdicción. De esa manera, un salesiano se ocupaba una o dos veces al año de
“todas las ovejas perdidas en medio a las dunas en los alrededores del gran
‘Río Salado’, que atraviesa de Norte a Sur toda la parte oeste del territorio”.[13]
Esa división de tareas no se cumplió a rajatabla en los primeros años de la
misión, dado que las funciones del párroco y del ayudante tendieron a
desdibujarse. En este sentido, todos realizaban recorridas a la búsqueda de
“fieles perdidos”. La práctica misionera tuvo que ajustarse también a las
características del territorio, un “área de frontera”.[14]
Entrado el siglo XX, los salesianos
reorganizaron sus instituciones e incorporaron la figura del addetto alla Missione. Esto significó la
designación de personal específico. Así,
los misioneros ambulantes tuvieron una zona a su cargo de acuerdo con la
jurisdicción parroquial. Los sacerdotes Ángel Buodo y José Durando fueron los
encargados de “evangelizar a los infieles” en el oeste pampeano. Por un lado,
desde General Acha y a partir de 1916, Buodo integró a sus recorridos la Misión
Sur, la Misión de Pampa Interior y la Misión de la Pampa Sudoeste que llegaba
al Far West. Por otro lado, Durando
realizó la Misión del Oeste, desde la parroquia de Victorica y con
posterioridad, desde la Capellanía de Telén.[15]
Mapa 1: Las Misiones
Salesianas: Residencias y principales parajes
Fuente: Cincuenta años de Labor. A los cooperadores
Salesianos de la República Argentina, 1926, p. 20.
2.2. La misión del “Hornero de Dios”
Ángel Buodo (1867-1947) nació en Barco (Italia),
se ordenó sacerdote en la ciudad de Faenza en 1896 y se recibió de ingeniero
agrónomo en 1897. Al poco tiempo ingresó en la congregación salesiana de Turín.
Llegó a Buenos Aires en 1898, por intermedio del inspector salesiano José
Vespignani. Durante ese año ejerció la docencia en el Colegio Don Bosco de San
Nicolás, primera Casa Salesiana de América, y unos años más tarde lo
trasladaron a una escuela agrícola situada en la localidad bonaerense de
Uribelarrea. El 25 de marzo de 1914 llegó a la localidad pampeana de General
Acha.[16]
Por más de tres décadas (1914-1946) Buodo desempeñó diversas funciones como
misionero, recorrió el oeste pampeano en su charret
con tres mulas, en tren o, cuando era posible, en el coche de algún feligrés.
Precisamente, el charret lo condujo
hacia las hachadas, las colonias pastoriles de indígenas y los pueblos a
orillas del ferrocarril, donde usó los vagones como púlpito (Valla, 1999, pp.
10-11).[17]
En sus libretas dejó registrada la necesidad de escriturar terrenos y construir
capillas en la mayor parte de los pueblos y parajes visitados. Vespignani hizo
referencia en su Memoria a la “sacrificada” acción misional de Buodo, al señalar
la peligrosidad de la misión del oeste.[18]
Asimismo, el inspector salesiano destacó la labor de Buodo como uno de los
salesianos que “trazó el camino” a los futuros misioneros, indicó los lugares
de misión y confeccionó listas de las familias más caritativas (Rodríguez y
Minetto, 2008, p. 147). En suma, desde la mirada confesional, no sólo se
exaltaron las condiciones que los sacerdotes debieron afrontar día a día, sino
que además asimilaron la misión a una verdadera epopeya.[19]
En este sentido, podemos señalar al menos tres
elementos que ‒aunque no fueron exclusivos de las misiones salesianas en
el territorio pampeano a inicios del siglo XX, tal como exponen los trabajos de
Sánchez (2012), Gallardo (2016) y Bilbao (2020)‒ constituyeron las bases
sobre las que tomó forma el plan misional. En primer lugar, el carácter
ambulante; las visitas del misionero tenían un recorrido premeditado, pero las
particularidades de estos espacios lo llevaron a tener varios “contratiempos” o
demoraron su llegada a algunos poblados, porque en los diversos trayectos era
común encontrarse con puesteros (sobre todo en el oeste pampeano) o con
habitantes a los que el misionero necesariamente le dedicaba tiempo.[20]
En segundo lugar, el tema del alojamiento y disponibilidad con la que contaba
el misionero para desempeñar sus funciones religiosas. Podemos decir que, en
los primeros años de recorridas misioneras, Buodo se alojó en casas
particulares, sobre todo en las estancias que visitaba, pero cuando llegaba a
poblados, la mayoría de las veces acudía a un hotel. Esto hacía que uno de los
primeros objetivos fuera activar comisiones pro-templo de cara a la
construcción de capillas. Este aspecto también nos habla de la importancia de
la construcción de redes y vínculos personales, dado que el misionero no
residía de manera fija en un lugar, sino que sus visitas eran esporádicas. Esa
situación hizo que los fieles laicos adquirieran un lugar central en el
mantenimiento del catolicismo. De todas formas, el proceso de construcción de
los templos fue diferente en cada poblado, ya que dependía de un conjunto de
variables, como los recursos disponibles, los vínculos construidos con personas
de esas localidades, la presencia de otros credos, entre otros aspectos. Así,
por ejemplo, Buodo en sus memorias de 1925 advertía que Jacinto Aráuz era “un
pueblo de protestantes”, “ellos tienen edificada la iglesia y un pastor
permanente”. Sin embargo, el misionero resaltaba la existencia, ya hacía diez
años, de dos comités: uno de “señores” y otro de “Damas” que, por medio de una
suscripción podían alquilar un salón-capilla y garantizar la “manutención del
misionero”.[21]
En tercer lugar, los transportes. El ferrocarril fue, sin dudas un elemento de
la modernidad que, entrado el siglo XX, ayudó ‒por decirlo de alguna
manera‒ a sortear algunos trayectos. Pero debemos aclarar que este medio
de movilidad funcionó para llegar hasta donde se extendían las vías férreas, es
decir, la región sur-este del territorio pampeano como puede observarse en el
mapa 1 y en el registro que dejó el misionero durante sus primeros años de
recorrido en la zona.
3. El acervo documental y su potencialidad
El conjunto de fuentes que refieren al desempeño
misionero de Buodo constituye, sin dudas, un acervo muy rico y que se ha
conservado hasta la actualidad. Según ha podido averiguar la historiadora Selva
Olmos, es probable que el archivo del misionero en un primer momento estuviera
alojado en el colegio La Inmaculada de General Acha y, por decisión del
sacerdote Celso Valla, fuera trasladado a la capilla-museo del paraje Padre
Buodo, sitio que resguardó por varios años todo el material producido por el
misionero.[22]
El acervo documental existente en dicha capilla tenía un volumen considerable.
Usamos el tiempo pretérito porque lamentablemente el lugar no se encuentra
abierto al público y en la actualidad ese material está localizado en la
estación de ferrocarril de General Acha.[23] El
corpus documental está compuesto en su mayoría por escritos originados a partir
de la labor misional de Ángel Buodo y del sacerdote Celso Valla, aunque también
se encontraron documentos elaborados por otros misioneros. Entre los documentos
relevados existen cuadernos de relaciones locales (1915-1916), memorias sobre
las misiones de La Pampa (1917-1918), cuadernos de finanzas de las misiones,
cuadernos de partidas de bautismo (1915-1917), planillas con estadísticas
religiosas, correspondencia, discursos de los sacerdotes. Asimismo, la
capilla-museo contaba en su interior con vitrinas que exhibían pertenencias del
misionero (como sus libros, bufanda), material fotográfico (sin relevar) en
todas las paredes y obras pictóricas del artista pampeano Andrés Arcuri. En un
espacio contiguo a la capilla se encontraba el charret que utilizó Buodo y una serie de mapas, de tamaños considerables,
colgados en las paredes con indicaciones de los diferentes recorridos
misioneros.[24]
En primer lugar, a los “cuadernos de misión” que
cubren un arco temporal que va desde 1914 a la década de 1930. Debemos aclarar
que, en función del objetivo del artículo y por una cuestión de extensión, no
vamos a detenernos en el análisis específico de su contenido. Sí podemos decir
que los cuadernos posibilitan, entre otros temas, el estudio de las misiones
que desarrolló Buodo, su mirada sobre el sentido de la evangelización en
términos civilizatorios (en 1921 criticaba duramente la existencia de escuelas
nacionales porque “abrir una escuela laica es agregar una cárcel más”), sus
propios intereses (muchas veces vinculados a la actividad agrícola), los
cambios y continuidades de la tarea misional en relación directa con los
actores masculinos y femeninos con quienes trataba, los agentes estatales y el
vínculo con otros sacerdotes católicos y con representantes de otros cultos.
Los misioneros produjeron varios tipos de
registros, algunos de carácter formal (como las relaciones, los informes, actas
y recordatorios) y otros informales como las memorias y los diarios.[25]
Precisamente, los diarios de Buodo tienen un nivel de detalle altísimo, dado
que escribía regularmente y de manera sistemática en sus viajes misioneros.
Este tipo de material aporta información muy variada, desde referencias a la
geografía, la fauna, la flora, hasta la cotidianeidad de los habitantes del
territorio pampeano. Es así que nos topamos con relatos sobre grupos indígenas
y migrantes, donde la preocupación versaba, no solo sobre la situación
conyugal, la composición familiar, sino también las condiciones de vida en la
que se hallaban. Además de estas referencias, encontramos información que nos permite
visualizar el entramado de relaciones que construía el misionero para asegurar
el éxito de la misión. Nos referimos a la logística que debía asegurar el
religioso en relación con los traslados, el alojamiento, la red de comunicación
que necesitaba para adelantar su llegada y de esa forma garantizar una
importante concurrencia.[26]
En el cuaderno de 1925, por ejemplo, realizó “observaciones oportunas” luego de
diez años de “intensa labor” y señaló que La Pampa ofrecía un “campo de acción
y trabajo” en el que era indispensable reforzar la presencia salesiana.
Entonces, elaboró una breve descripción, a modo de informe, sobre la situación
de cada pueblo o paraje e indicó si existía capilla o no, si el terreno estaba
escriturado o no, las personas que podían motorizar los trámites de
escrituración (“chacareros”, intendentes municipales, personas influyentes), si
los lugares contaban con comisiones pro templo (de “damas” y de “señores”), las
formas de sostenimiento de las capillas o salones dedicados al culto, los
puntos de misión, la existencia de otros cultos y su impacto en la continuidad
de la misión. Asimismo, comunicó sobre los recursos financieros (las diferentes
fuentes) que contaba la misión en ese momento, la situación de las residencias
y de los colegios salesianos. Es decir, la información que brinda este cuaderno
da cuenta de los vínculos construidos con la sociedad local luego de una década
de trabajo, cuáles eran los lugares centrales para la misión y en cuáles era
necesario reforzar la presencia religiosa a pedido de los propios vecinos del
pueblo, por ejemplo.
En segundo lugar, encontramos las “Memorias
sobre las Misiones de la Pampa, después de 10 años de trabajo (1914-1925)”. En
estos escritos, Buodo describió que, en 1914, La Pampa se dividió en tres
centros de misión importantes: Victorica, Santa Rosa y General Acha. En este
sentido, detalló los poblados y zonas que atendían cada uno de esos centros.
También enunció los sacrificios que realizó a la hora de misionar por los
territorios pampeanos y por quiénes estuvo acompañado a lo largo de esos once
años. De esa forma, resaltó la labor solitaria ya que fue escoltado dos veces
por niños, en otras dos ocasiones por agentes de policía y una vez por un
“viejito” que, según sus palabras, entorpeció la labor misional y le perdió una
mula. Remarcó en su relato las dificultades para atender a los poblados en esas
condiciones precarias. Pero, de manera paralela, en estas memorias Buodo
enumeró los progresos de la religión y la moral al expresar que la tasa de
homicidios en La Pampa era insignificante, que los habitantes reclamaban contar
con capillas y sacerdotes permanentes. También, conjuntamente con la actividad
misional, informó la topografía, la ubicación y las instituciones que existían
en Quehué, Utracán, General Acha, Gamay, Unanue, Santa María, Perú, San Martín,
Epu-Pel, Hucal, Abramo, Bernasconi, Villa Alba, La Escalera, Jacinto Arauz.
En las “Segundas Memorias sobre las misiones del
centro General Acha (1914-1925)” dio continuidad a las descripciones de sitios
concretos como Colonia Rosario, Rolón, Macachín, Guatraché, Santa Teresa,
Estación Las Gaviotas, La Adela, Estación Anzoátegui, Pichi Mahuida, Fortín
Uma, La Japonesa, Colonia Los Puelches. Luego describió la situación financiera
de la misión de General Acha donde enumeró los gastos de mantenimiento, las
condiciones edilicias de las instituciones católicas, la labor de acogimiento
de niños pobres y huérfanos realizada por el colegio salesiano de esa
localidad. También relató la necesidad de fundar residencias salesianas en
distintas localidades urbanas como Macachín, Bernasconi, Jacinto Arauz; en
zonas rurales o de campo, como en Anzoátegui, o en los centros de la misión sur
oeste en Cura-có o Limay Mahuida. Sobre el final de las memorias, Buodo
describió las condiciones climáticas y productivas de La Pampa.
En tercer lugar, nos referimos a las “crónicas”
(1943-52). Allí llevó un registro detallado de las actividades que se
realizaban y concentraron su atención, fundamentalmente en las misiones de
niños, en las distintas celebraciones que se organizaron, como las fiestas
patronales, las fiestas del Corpus, el festejo por el día del Papa, fiestas de
San Pedro y San Pablo, de Santa Rosa de Lima, de la Inmaculada Concepción, de
María Auxiliadora. A esos acontecimientos religiosos se sumaron las
celebraciones de congresos eucarísticos, de Semana Santa, las conmemoraciones
por el día de la madre y por los fieles difuntos, entre otras. Además, se
presenta un registro detallado con instrucciones sobre los ejercicios
espirituales en los colegios salesianos de La Pampa, nóminas de bautismos,
comuniones y de visitas inspectoriales. Las crónicas enumeran detalladamente
las labores realizadas sobre todo en los poblados de Arata, Metileo y Trenel.
Con respecto a esta última localidad, dedicó varias notas destinadas a la
memoria del sacerdote Gotelli, que había fallecido.
En cuarto lugar, destacamos los “Cuadernos del
Padre Buodo. Discursos”, que contienen las alocuciones que el misionero
salesiano pronunció, entre 1910 y 1911, en distintas festividades en honor a
los directores o inspectores salesianos. En muchos de sus discursos se resaltan
las virtudes de esos personajes, y la mayoría están escritos en formato de
poesía. Además, se destacan sermones sobre la caridad y otros en los que simula
una actuación de cinco niños con reflexiones sobre el catecismo.
En quinto lugar, identificamos un conjunto de
“cartas y notas” (1914-1946).[27]
En la carpeta que contiene este epistolario es posible encontrar notas desde el
año 1914, algunas de ellas con papel membretado con el nombre de Colegio
Salesiano La Inmaculada Concepción. Los registros son variados e incluyen, por
ejemplo, cartas enviadas a distintas autoridades solicitando consejos sobre la
forma de proceder para conseguir la donación de terrenos con diversos
propósitos, que van desde un solar para el desarrollo de las actividades
físicas del estudiantado del colegio de General Acha hasta la edificación de
diferentes iglesias. También hay listados con nombres de quienes tomaron sus
primeras comuniones y quejas producto de sus labores diarias con integrantes de
ciertas iglesias. Igualmente, identificamos notas sobre los problemas de salud
que tuvo y cómo pudo sortearlos, el régimen de alimentación que le habían
recetado, entre otras cuestiones. Asimismo, luego de ausentarse por una
enfermedad, elevó reclamos a sus superiores cuestionando a la persona que lo
había suplantado y alegó que le habían quitado lo que él poseía. Además,
efectuó reproches porque sentía que no se reconocía su obra.
Al mismo tiempo, con un detalle minucioso,
refiere a su accionar cotidiano, a las visitas a instituciones educativas, los
recorridos por poblados y parajes en los que bautizaba a los pobres o casaba a
las parejas. También se encuentran en esas cartas reclamos por la falta de
sacerdotes para determinadas localidades, actas de bendiciones de imágenes,
gastos detallados de diversas iglesias, listados de benefactores de la misión
salesiana, actas de renovación de comisiones de capillas, cronogramas de
itinerarios realizados por distintos pueblos e informes de las acciones
desplegadas por los misioneros salesianos. Con un estilo cercano a la
etnografía, describe la labor que realizó en la misión y los desafíos de una
tarea que consideraba solitaria, por lo cual solicitaba un hermano que lo
acompañara. Buodo dejó registro de los obstáculos que tuvo que afrontar. Desde
su perspectiva, algunas de las causas que generaron dificultades para concretar
el proceso de evangelización fueron la presencia de alemanes en algunas
colonias (Morales Schmuker, 2023), las críticas en medios de prensa local por
el abandono de edificaciones católicas, situaciones de pobreza de la población,
entre otras. Sin lugar a dudas, entre esos retos destacamos los conflictos con
algunos maestros, que dan cuenta de las tensiones con esos agentes estatales
que defendían la educación laica.
En sexto lugar, encontramos los “cuadernos
sacramentales” y los “cuadros sinópticos de las misiones del centro de General
Acha”. Los primeros contienen los bautismos realizados en 1915. Lo interesante
de este registro es la información detallada que brinda sobre el origen de la
persona (nacionalidad), el lugar de residencia, la edad, si era hijo/a legítima
o “natural” y los padrinos. El segundo cuaderno contiene una planilla bastante
exhaustiva con los recorridos de Buodo entre los años 1916 y 1918. La
información está organizada en columnas que refieren a: “pueblos, colonias y
parajes visitados”, “distancia en km ida y vuelta”, “método de locomoción”,
“estancia del misionero”, “plática o conferencias”, “catequizados”,
“bautismos”, “confirmaciones”, “confesiones”, “comuniones”, “primeras
comuniones”, “enfermos”, “matrimonios”, “dónde se hospedó el misionero” y
“observaciones”.
Por último, podemos referir a la “Libreta de
piedad” y a la “Libreta de agricultura”. La primera es una suerte de cuaderno
de estudio del misionero con apuntes teológicos, pero también registros sobre
algunos problemas y cómo solucionarlos (por ejemplo “cómo controlar las malas
publicaciones y la prensa”), los efectos positivos de la religión en las
personas, las dificultades de concentración para orar (en las que se incluye el
propio sacerdote), “seis maneras de perder el tiempo” en las que señala la
lectura de novelas y asistencia a funciones culturales que no contengan valores
cristianos. La “Libreta de agricultura” cuenta con escritos sobre los
beneficios de plantas medicinales y algunos “remedios” para dolencias como
calambres, mala digestión, “resfrío de cabeza”, “resfrío de garganta”,
reumatismos, insomnio, cómo hacer para que determinadas plantas den más frutos,
entre otras. Asimismo, dentro de la libreta hay una publicación sobre el uso de
metales, sobre el cultivo de trigo, de la vid y producción de vinos.
4. Comentarios finales
En este trabajo quisimos dar cuenta de la riqueza y del potencial
del acervo documental perteneciente a la labor misional del salesiano Angel
Buodo. Dicho material, además de aportar información histórica para indagar
sobre las redes personales del religioso y los diversos engranajes de la tarea
misional, se transforma en una ventana que permite observar la heterogeneidad
de una sociedad en formación. El abanico que se abre es amplio, los documentos
permiten indagar problemas relacionados con el sistema educativo, las infancias
(adopciones, circulación de niños en las instituciones salesianas), la cuestión
indígena, la cuestión de género (asociaciones de mujeres que sostenían el
culto, “robos” de mujeres, casi niñas, en las estancias), entre otros.
Este tipo de documentación producido por la propia iglesia
católica, en este caso un misionero salesiano, muestra la necesidad de dejar
diversos registros que den cuenta no solo de la práctica concreta, sino también
para organizar y preservar una memoria católica. Asimismo, cabe hacer una
distinción de los lugares donde se alojan estos documentos: podemos diferenciar
los archivos institucionalizados (que corresponden a los diferentes niveles de
la jerarquía católica, a las órdenes y congregaciones), de aquellos
“repositorios” que pueden adquirir distintas formas y se caracterizan muchas
veces por la dispersión de sus fuentes o también por la dificultad para acceder
a ellas. Precisamente, entre estos últimos podemos ubicar el material producido
por Buodo.
El corpus que aquí se presentó forma parte del amplio patrimonio
documental de la iglesia católica, y de la congregación salesiana en
particular, pero también está fuertemente vinculado con procesos de la historia
regional y local. Como ya expusimos en el artículo, este valioso material está
resguardado en la estación de ferrocarril de General Acha y esperamos que
prontamente pueda estar a disposición, ya sea en el colegio la Inmaculada
Concepción o en la capilla-museo que lleva el nombre del misionero, no sólo
para la consulta de las y los investigadores sino también para el público en
general, ya que difícilmente podrá valorarse aquello que se desconoce.
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[1] El sacerdote salesiano Raúl Entraigas llamó a Buodo “hornero
de Dios” por la cantidad de capillas que edificó o motivó su edificación.
Asimismo, en la década de 1960 el gobierno de La Pampa encabezó una serie de
homenajes a la obra salesiana en general y a Buodo en particular. En 1961 se
aprobó la erección de un monumento a Buodo (inaugurado en 1965 en la
intersección de las rutas nacionales 35 y 152). En 1964 se presentaron
proyectos para la compilación y edición de la obra escrita de Buodo y para un
concurso de anécdotas, poesías y cantos relacionados con el misionero. A partir
del decreto 1167/67 el gobernador adhirió a los actos populares a realizarse en
memoria del misionero, hecho que se materializó también en un subsidio para la
publicación de mil quinientos ejemplares del primer tomo de la obra Historia de las Misiones salesianas en la
Pampa de Lorenzo Massa. En la misma década se realizaron diversos homenajes
en varios pueblos como Puelches, Limay Mahuida, Cuchillo co, Chacharramendi, La
Reforma, Colonia Veinticinco de Mayo y Jacinto Aráuz (Valla, 1967). Por otra
parte, la capilla museo Ángel Buodo comenzó a construirse a fines de la década
de 1970 y se inauguró a principios de la siguiente. Allá, además de funcionar
como un repositorio del material documental producido por el misionero, se encomendó
a un artista pampeano la elaboración de obras pictóricas (cuadros al óleo y
mayólicas sobre la acción misionera salesiana en general y sobre Buodo en
particular). Un análisis de dicha obra puede encontrarse en Mariana Annecchini
y Rocío Sanchez (2013).
[2] En relación con las misiones católicas, el rasgo común que
comparten los trabajos que forman parte de esta historiografía es que, desde
una mirada centrada en y desde los misioneros, plantean la existencia de
“frentes misionales” abiertos por los religiosos y la presencia de
condicionantes y dificultades en el desempeño de sus misiones. Desde esta
visión, el resultado de “la obra misionera” estuvo condicionado por
“intervenciones externas” a los religiosos (Bruno, 1976), y las reducciones
indígenas “fueron la más eficiente forma de catequización y la mejor
salvaguardia de los derechos del indio” (Bruno, 1987, p. 45). En este sentido,
los trabajos buscan explicar, en clave de éxito o fracaso, la “evangelización”
de los indígenas.
[3] Podemos detenernos en dos de sus libros. En el de 2008
estudia el proceso de “evangelización” (1875-1934), a partir de la mirada de
los propios religiosos. La autora plantea que los salesianos construyeron una
imagen del territorio y de sus habitantes que determinó los planes de
evangelización. El foco de este estudio está puesto en el examen de dos
conceptos clave que, según esta perspectiva, permiten comprender la obra
salesiana: la elaboración de un proyecto y la puesta en marcha de una empresa.
La “imagen previa” elaborada principalmente por don Bosco (civilizar,
convertir, educar) fue el punto de partida para la elaboración del proyecto
misionero. La práctica misma de ese plan terminó de configurar la “tierra de
misión” y la metodología a utilizar. Por su parte, el libro editado en 2020 no
habla solo de misiones, solo de Iglesia católica o solo de salesianos e Hijas
de María Auxiliadora, es un libro que, en palabras de la autora, “intenta
comprender su hacer histórico desde una construcción territorial institucional
y social, donde la disputa por el poder era el hilo vital de la urdimbre
histórica en la inmensidad y la libertad”. Uno de los elementos interesantes
del libro es que el recorte temporal (1879-1930) que se explica por la propia
lógica de establecimiento, organización y reorganización de la congregación
salesiana, está cruzado por la larga duración. Esto puede observarse en las
representaciones espaciales, la producción de mapas, de reglamentos y de
manuales misioneros, la construcción de discursos sobre, por ejemplo, el
momento fundante de las misiones salesianas marcado por un contexto de
violencia militar.
[4] En el caso de Ariel Fresia, es un investigador que aúna una
doble pertenencia, al mundo académico y también a la comunidad salesiana; en
este sentido, ha formado parte de obras colectivas que permiten repensar el
accionar misionero de la congregación en la Patagonia (Fresia, Nicoletti y
Picca, 2016) y el carácter innovador de algunos referentes salesianos
(Fernández y Fresia, 2020).
[5] Teruel (2005) analiza la frontera chaqueña en el Noroeste
argentino de la segunda mitad del siglo XIX, identifica las tensiones
existentes en las relaciones entre el gobierno provincial, las misiones y el
gobierno nacional. Dalla-Corte Caballero (2014) focaliza en la misión de San
Francisco de Laishí en Formosa durante la primera mitad del siglo XX y analiza
la vinculación entre los inmigrantes extranjeros y la población indígena
autóctona; aborda la transformación del concepto de nacionalización, así como
la lucha generada entre diversos ámbitos (intelectuales, religiosos,
administrativos, gubernamentales) para gestionar la inclusión de los tobas a la
nación argentina. Por su parte, el estudio de Casalli (2013) es sin dudas
sugestivo porque analiza las alteraciones en la salud de los selk`nam, los
cambios sanitarios que afectaron a aquella población en los primeros años de
colonización de la zona (1895-1931). Para ello, se focaliza en la misión
salesiana La Candelaria en Tierra del Fuego. Con la mirada puesta también en
Tierra del Fuego, Butto (2018) mediante un trabajo comparativo indaga cómo se
representó visualmente, a través de una serie de fotografías, el ámbito de las
misiones salesianas y anglicanas. Si bien compartían el mismo objetivo, que era
evangelizar a los indígenas, el trabajo misionero se representa de forma
diferente. En su tesis doctoral, Sanchez (2019) analiza la relación
Iglesia-Estado-sociedad y los procesos de secularización a partir del estudio
de las misiones católicas en el territorio argentino de la segunda mitad del
siglo XIX. Para ello, focaliza en tres ejes: el financiamiento, los promotores
y la misión como tarea.
[6] Un trabajo anterior muy sugerente es el de Claudia Salomón
Tarquini (2005), quien focaliza en las relaciones entre los misioneros
franciscanos y salesianos y los grupos indígenas pampeanos sobrevivientes a las
campañas militares de fines de la década de 1870. Precisamente, avanza sobre el
análisis de la integración de estos grupos sociales a la nación argentina como
consecuencia de la necesidad del Estado Nacional para consolidar su
unificación.
[7] Por su parte, podemos señalar dos ediciones de fuentes
acompañadas por estudios preliminares. Por un lado, las memorias del inspector
salesiano José Vespignani, de 1922, que constituyen el primer relato histórico
que se conoce sobre la historia de la Iglesia en el territorio pampeano
(Rodríguez y Minetto, 2008). Por otro lado, el álbum de fotografías sobre el
viaje misionero por las márgenes del río Salado de los salesianos Juan
Farinatti y Enrique Pozzolli, en 1924, que puede considerarse un aporte a la historia regional pampeana y
a la memoria colectiva de los pueblos originarios (Rodríguez y Sanchez, 2019).
[8] Durante la segunda mitad del siglo XIX se establecieron
cinco colegios de Propaganda Fide en Jujuy, Salta, Santa Fe, Corrientes y Río
Cuarto, para trabajar en zonas del territorio argentino consideradas de
frontera. Todos los colegios se rigieron por dos objetivos: atender a la
población radicada en los núcleos urbanos comprendidos en el área de influencia
de cada convento y evangelizar a los indígenas radicados en el interior de las
fronteras que tenían por delante (Auza, 2005). En este sentido, los fines de
los colegios franciscanos fueron tres: dar estabilidad y continuidad a las
misiones, ser el centro de instrucción de los neomisioneros y un lugar de
renovación física y espiritual de los antiguos misioneros (Gaudiano, 1995).
[9] A partir de la Ley N° 1532/1884 de Organización de los
Territorios Nacionales, el Estado Nacional redefinió el espacio argentino, pero
dicha legislación no tuvo en cuenta las diferencias regionales existentes. Esa
normativa creó nueve unidades administrativas, que dependían de modo directo
del Poder Ejecutivo Nacional. Los Territorios eran “provincias en ciernes”, una
especie de entidad híbrida y, por consiguiente, sus habitantes no gozaban de
derechos políticos (Bandieri, 2000).
[10] La orden franciscana renunció a la “Misión de la Pampa” en
1896, hecho que significó la restricción de su jurisdicción espiritual a la
parte Norte del Territorio. La tarea de los franciscanos no cesó, se reacomodó
nuevamente a partir de nuevas estrategias que aseguraran su permanencia más
allá de los límites jurisdiccionales. Un ejemplo fue la fundación de una
reducción en la Colonia Emilio Mitre (1900), momento en el que comunidades
ranqueles sobrevivientes solicitaban tierras para asentarse a las autoridades
civiles (Sanchez, 2017).
[11] El salesiano Ángel Savio dio una misión en los pueblos
comprendidos entre Victorica y “Trenquelauquen”, en 1890. Al año siguiente,
Pedro Bonacina recorrió el sur pampeano, desde el Río Colorado hasta Lihuel Calel,
Cuchillo-co y Hucal.
[12] “Relación Trienal de Misiones (cuatro viajes misioneros)
del Prefecto Ludovico Quaranta de (a) la pampa Central acompañado de varios
misioneros, Años 1889-1892”. 1892,
Caja 113, Carpeta A. Doc. 1750ª. Archivo Histórico del Convento San Francisco
Solano, Río Cuarto, Córdoba.
[13] J. Vespignani, en Rodríguez y Minetto (2008, p. 80).
[14] El proceso de incorporación del territorio pampeano, luego
de las campañas militares, al Estado nacional tuvo diferentes ritmos y
configuró tres espacios claramente diferenciados: el Noreste vinculado al
desarrollo de la economía agropecuaria argentina y en relación al puerto de
Buenos Aires, el Sureste basado también en la producción primaria aunque
polarizada en torno al puerto de Bahía Blanca y el medio oeste pampeano
(también denominado Far West pampeano),
caracterizado por la abundancia de tierras, la escasez de fuerza de trabajo y
capital, es decir una economía rural basada en la actividad ganadera extensiva,
la falta de población en las zonas rurales, la enorme distancia a los mercados
urbanos y externos y el altísimo costo del transporte (Alonso, 2007, p. 41).
[15] El espacio geográfico, que caracteriza esta misión, se
desarrolla entre las isohietas de los 500 y 400 mm de precipitaciones anuales,
la llanura herbácea es reemplazada por el monte de caldén y al oeste de esta
última, la zona comprendida aproximadamente entre los departamentos Chalileo,
Chicalcó, Puelén, Limay Mahuida y Curacó, se corresponde con el espacio
pastoril, caracterizado por su aridez y semiaridez. A su vez, se distinguen en
él la depresión fluvial y las mesetas occidentales, donde se practica ganadería
ovina y caprina casi exclusivamente. La depresión fluvial comprende una zona de
menor altitud (los departamentos de Chalileo, Limay Mahuida, Curacó, oeste de
Lihuel Calel, y este de los departamentos Chicalcó y Puelén), que se
corresponde con el curso del sistema Salado-Chadileuvú-Curacó, con
precipitaciones que oscilan entre los 300 y 400 mm anuales. La meseta
occidental se encuentra a una mayor altitud, con condiciones de mayor aridez y
menor densidad de pasturas debido a los afloramientos rocosos, y
precipitaciones menores de 300 mm anuales. En la región occidental
(departamentos de Chicalcó, Puelén y Curacó, y suroeste del departamento Limay
Mahuida), el clima es entre árido y semiárido, con paisajes compuestos por
planicies, pendientes, coladas basálticas, terrazas y paleocauces, y vegetación
de arbustales abiertos, bajos, y matorrales subdesérticos (Salomón Tarquini,
2010, p. 59).
[16] De acuerdo con el relato del inspector salesiano José
Vespignani, entre 1914 y 1915 la parroquia de General Acha tuvo como párroco
director a Jorge Turcuni y al sacerdote Ángel Buodo como misionero ambulante.
Este último visitó tanto las colonias unidas por el ferrocarril y de fácil
acceso, como la zona sur oeste sobre las orillas del Río Salado (Rodríguez y
Minetto, 2008, pp. 145-146).
[17] Las colonias pastoriles tuvieron su origen a partir de
reclamos de tierras realizados por caciques ranqueles durante el período
1882-1900 a las autoridades territorianas y nacionales. Aunque los gobernadores
insistieron en denegar los pedidos, no pudieron evitar la concesión realizada
por el gobierno nacional en el marco de la creación de las colonias Emilio
Mitre y Puelches (oeste pampeano). Se adjudicaron lotes en otras secciones del
territorio, pero ambas colonias se distinguieron por la concentración de
indígenas (Salomón Tarquini, 2010, pp. 69-72).
[18] En palabras de Vespignani: “Nuestro buen Padre Ángel Buodo
(en la misión de Acha) nos narró cómo pasando el Río Salado con otros tres
pasajeros, éstos que eran más prácticos equivocaron el punto para cruzar
quedando a merced de la correntada apenas pudiendo salvar la vida, mientras él
con su caballo pudo llegar felizmente a la orilla (…)” (Rodríguez y Minetto,
2008, p. 117).
[19] Buodo fue considerado por la propia Iglesia católica, las
autoridades provinciales y la feligresía, como el misionero ejemplar. El
sacerdote salesiano Celso Valla, quien reunió la documentación de Buodo y
gestionó la capilla museo en homenaje al misionero, le dedicó muchos de sus
escritos y exaltó su acción sacrificada, caritativa y solidaria, pero también
reprodujo las diversas aventuras, anécdotas y peripecias que el sacerdote
atravesó durante sus correrías misioneras. Por medio de este relato podemos
advertir cómo Valla, entre otros autores salesianos, construyeron la historia
oficial de la Iglesia católica y de la propia congregación (Funkner y Cuevas,
2008).
[20] El trayecto programado establecía que el salesiano se
detendría por dos o tres días a misionar en los pequeños poblados, estancias,
casas de comercio, fondas y hoteles. Una vez iniciado el viaje y ante el
encuentro de población “infiel” o feligresía católica, los misioneros
interrumpían su planificación y prestaban sus servicios en los caminos, ranchos
y parajes. Las circunstancias hacían que, ni bien iniciado el recorrido,
tuviese que ser reformulado (Rodríguez, 2013, p. 301).
[21] Buodo estaba convencido de que la edificación se concretaría
al año siguiente, pero no sucedió hasta la década de 1940. Morales Schmuker
(2019, p. 285) señala que, según el Censo de la Población de los Territorios
Nacionales de 1912, el departamento de Hucal (integrado por los pueblos de
Abramo, Bernasconi, la colonia judía Narcisse Leven, Villa Alba y Jacinto
Aráuz) alcanzó una cifra de 6335 habitantes (1.554 eran argentinos; 1.098
rusos, 323 españoles, 200 italianos, 158 uruguayos, 127 alemanes, entre otros).
El autor afirma la existencia de una marcada diversidad religiosa, dado “el
vínculo entre ciertos grupos étnicos (alemanes, rusos, italianos, uruguayos)
con determinadas tradiciones religiosas (judaísmo, luteranismo, valdismo).
[22] La capilla museo se encuentra a la vera de la Ruta Nacional
Nº 35 cercana al Destacamento Policial, y fue declarada Sitio Histórico y
Patrimonio Histórico el 12/05/96 por Decreto Provincial Nº 717.
[23] La documentación fue trasladada a la ciudad de General Acha
para su resguardo y evitar posibles robos, ya que el lugar dejó de contar con
la colaboración de la persona que se encargaba de cuidar ese espacio. Desde la
Dirección Provincial de Patrimonio Cultural se está trabajando en un plan de
gestión en torno al sitio. Valla (1999, p. 20) señala que en 1963 llegaron a
sus manos 151 cuadernos y libretas de Buodo. Lamentablemente, no hemos podido
acceder a la totalidad de ese número, quizás algo se haya perdido en los
traslados. De todas maneras, el volumen es considerable; por un lado, existe un
conjunto de documentos que refieren a: Terrenos y propiedades para el culto;
Notas varias; Documentos Santa María; Documentos Alpachiri; Cartas de Buodo;
Boletín de la Acción Católica Argentina en La Pampa; Libro de Dirección
epistolar (es un libro de actas que contiene registro de población). Por otro
lado, están sus cuadernos: Memorias (3); Libreta de Agricultura (1); Guiones
(2); Discursos de Buodo, 1910 (1); Bernal, 1913-14 (1); Sacramentales, 1915
(2); Misiones, 1914-21 (1); Diario Buodo, 1917-24 (1); De piedad, 1916 (1);
Bautismos, 1916 (1); Cuadros (planillas) sobre misiones del centro de G. Acha,
1916-18 (1); Estado de Misión (G. Acha 1828-29) (1); Histórico (1); Espiritual,
1933 (1); Misión del campo, 1935 (1); Inventario Iglesia de la Colonia del
Rosario, 1923-31 (1); Observaciones, 1925 (1); Misiones G. Acha, 1941-45 (1);
Misiones 1938-41 (1); Crónicas 1943-52 (1); Crónicas Villa Alba, 1931-32 (1).
[24] Para más información pueden consultarse los artículos de
Ana María Rodríguez, Mónica Lucchese y Claudia Salomón Tarquini (2007) en el
que realizan una descripción de la capilla-museo, y Annecchini y Sanchez (2013)
que analizan las mayólicas externas de la capilla.
[25] Los primeros pertenecieron a la propia burocracia institucional
católica, es decir, en este caso los salesianos debían responder frente a los
superiores de su propia congregación, pero también a las autoridades
diocesanas. Es muy común, por ejemplo, encontrar transcripciones de los
informes misioneros en las Memorias del Ministerio de Justicia, Culto e
Instrucción Pública y en las memorias del Ministerio de Relaciones Exteriores y
Culto a partir de 1898. En ese tipo de documentos, los sacerdotes daban cuenta
de los denominados “frutos de la misión”, entendidos como la cantidad de
sacramentos administrados, las diferentes actividades realizadas, los lugares
visitados y las distancias recorridas.
[26] A inicios de 1914, Buodo se incorporó a las giras misioneras
que años anteriores desempeñaron otros misioneros. Los cuadernos de las
primeras épocas dan cuenta, por un lado, de la centralidad de las estancias
como espacios para el desempeño de las actividades religiosas y para el
establecimiento de relaciones con potenciales actores que solventaran los
traslados del misionero (en tren o en medios de transporte particulares como
caballos, carros o coches). Por otro lado, el estímulo de Buodo hacia la
organización de asociaciones de laicos con el fin de que pudieran gestionar
recursos destinados a la construcción de templos. Asimismo, Buodo señala la
importancia de las instituciones educativas y la centralidad de General Acha
como “modelo” para otros poblados. En la década de 1920, los cuadernos reflejan
los avances en la construcción de templos, las inauguraciones en las que
participaban personas influyentes de la sociedad que oficiaban como padrinos y
madrinas de los templos.
[27] El formato básico de las epístolas contiene fecha, lugar,
identidad del receptor/a en el encabezado, información dirigida al
destinatario, despedida e identificación del emisor/a al final de la carta.
Además, permiten la expresión personal y nos dejan pistas sobre la vida
privada, las prácticas cotidianas, los afectos, las relaciones interpersonales,
entre otros. Pueden ser abordadas en tanto documentos que aportan determinada
información histórica, pero también es factible analizarlas como un objeto de
estudio en sí mismas (Micheletti, 2017).