Chronica, Vol. 4, Núm. 4, enero-diciembre 2025, ISSN 2953-3376, pp. 180-200

 

Esta obra se publica bajo licencia Creative Commons 4.0 Internacional.

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Estas palabras recordé… Registros del aonekko ‘a’ien en los archivos de José María Beauvoir

 

 

These words I remembered... Records of the Aonekko 'a'ien in José María Beauvoir’s archives

 

 

 

Marisa Malvestitti

Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio / Universidad Nacional de Río Negro

mmalvestitti@unrn.edu.ar

 

Profesor de Enseñanza Media y Superior en Historia (FFyL-UBA). Adscripto de la materia Historia Argentina II 1862-1916 (cátedra Belini FFyL-UBA). Maestrando en Magister en Historia Argentina y Latinoamericana (FFyL-UBA). Doctora de la Universidad de Buenos Aires en la especialidad Lingüística (2003). Profesora asociada regular en el área de Ciencias del Lenguaje de la Universidad Nacional de Río Negro e investigadora en el Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio (IIDyPCa-UNRN-CONICET) de 2009 al presente. Integra el Grupo ALT (Archivos, lenguas y territorios). Desde su periodo de formación trabaja sobre lenguas de la Patagonia. Ha abordado cuestiones descriptivas, sociolingüísticas y relativas a la historia de la documentación. Desde esta última perspectiva ha editado y analizado distintas fuentes lingüísticas, e indagado sobre textos misioneros de Pampa, Araucanía y Patagonia. Actualmente dirige el PI UNRN "Lenguas y variedades minorizadas en la Patagonia. Perspectivas desde la ecolingüística”.

 

 

Resumen

En este artículo se analizan materiales inéditos y publicaciones realizadas por el salesiano José María Beauvoir para dar cuenta de su proceso de abordaje de la lengua aonekko ‘a’ien o tehuelche. A tal fin, se repone su trayectoria en el entonces Territorio Nacional de Santa Cruz, donde residió, con algunas movilidades intermedias, durante cuarenta años, entre 1886 y 1926. Nos detenemos en las relaciones entabladas con integrantes de ese pueblo originario, de modo de recuperar los contextos de coproducción de los datos lingüísticos y exponer algunos de los datos que relevó. El enfoque teórico-metodológico se inscribe en la historiografía lingüística misionera, con particular atención a la etnografía de archivos.

 

 

 

Palabras clave

 

Historiografía lingüística misionera

Etnografía de archivos

Congregación salesiana

Aonekko ‘a’ien

Ideologías lingüísticas

 

 

 

 

 

Abstract

In this article we adress unpublished materials and publications by the Salesian priest José María Beauvoir in order to give an account of the process that he carried out in order to approach the documentation of the Aonekko 'a'ien or Tehuelche language. In order to do so, we recap his trajectory in the then National Territory of Santa Cruz, where he lived, with some intermediate mobilities, for forty years, between 1886 and 1926. We focus on the relationships established with members of this indigenous community in order to recover the contexts of co-production of linguistic data and present some of the data collected. The theoretical and methodological approach is part of missionary linguistic historiography, with particular attention to the ethnography of archives.

 

 

Keywords

 

Missionary linguistic historiography

Archives ethnography

Salesian Congregation

Aonekko 'a'ien

Linguistic ideologies

 

 

 

 

 

Recibido: 17/6/2025 - Aceptado: 30/7/2025

 

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Estas palabras recordé… Registros del aonekko ‘a’ien en los archivos de José María Beauvoir

 

 

1. Introducción

La lingüística misionera, de larga tradición en los espacios colonizados por europeos a partir de fines del siglo XV, tuvo continuidad en distintos sitios de Latinoamérica hasta bien entrado el siglo XX. En ese campo, en los últimos años las acciones desarrolladas por distintos integrantes de la Congregación Salesiana en el Cono Sur se han analizado con detenimiento para dar cuenta de los registros y estudios sobre las lenguas originarias habladas en los territorios de Pampa, Patagonia y Tierra del Fuego (Malvestitti y Nicoletti, 2022).

En este artículo[1] nos centramos en los procesos mediante los cuales se realizaron los registros acerca de la lengua aonekko ‘a’ien (tehuelche), publicados por el sacerdote salesiano José María Beauvoir. En la parte final del volumen Los Shelknam (Beauvoir, 1915) se encuentran en cuatro secciones los únicos datos de esta lengua que Beauvoir dio a conocer: un “Prospecto comparativo de los dos idiomas Ona y Thehuelche” (pp. 179-181), un “Apéndice” que reúne un “Vocabulario o Catálogo de algunas voces de la Lengua Thehuelche” 1915, pp. 183-193), “Consideraciones sobre la Numeración Fueguina-Shelknam y Thehuelche-Patagón (pp. 195-196) y “Proposiciones Thehuelche-castellanas” (pp. 197-198). El material lingüístico publicado es copioso para los estándares de la época: la lista léxica comparada integra 110 palabras, el vocabulario que comprende 598 términos y el fraseario, 65 oraciones (según Viegas Barros, 2014, p. 26). Aunque el trabajo se entregó a la gráfica en 1914, desde varios años antes Beauvoir planificaba su realización.[2]

Nos proponemos sistematizar la trayectoria misionera de Beauvoir en el Territorio Nacional de Santa Cruz, donde este salesiano residió, con algunas movilidades intermedias, entre 1886 y 1926, y recuperar algunos indicios contextuales de las escenas de documentación en las que las expresiones se habrían relevado. Se trata de un tema que no ha recibido atención analítica posterior, a diferencia de lo que ocurre con sus estudios sobre la lengua selk’nam. Según nuestra hipótesis, los periodos de interés dedicados por Beauvoir al tema se correlacionan con las prioridades establecidas desde la Congregación para su accionar en el territorio. Si al inicio de su radicación en Santa Cruz se observan frecuentes interacciones con integrantes de las comunidades tehuelches, en el devenir de los años los esfuerzos se direccionaron en mayor medida a la evangelización de las poblaciones criollas y migrantes percibidas como mayoritarias. Esta reorientación se paraleliza con el cese casi total de actividades vinculadas con el registro y análisis del idioma a partir de 1915.

Nuestro marco teórico-metodológico se nutre de los aportes de la historiografía de la lingüística misionera (Zimmermann, 2021). Esta perspectiva revaloriza “una inmensa cantidad de actividades metalingüísticas y conocimientos ricos que habían sido olvidados, desconocidos y, en algunos aspectos, difamados por la historiografía tradicional de la lingüística” (p. 6); se detiene en la descripción detallada de las instrumentalidades para la anotación de datos, y de las dimensiones socioeconómica, política, ideológica y demográfica de los contextos analizados. En ese marco, consideramos que los aportes de la etnografía de los archivos (Bosa, 2010; Muzzopappa, 2024) permiten expandir el análisis más allá del contenido de los documentos, para explicar los procesos en los que esas fuentes se construyeron. Ha sido fundamental el acceso que se nos proporcionara a la documentación de Beauvoir que está resguardada en el Archivo Histórico Salesiano Argentina Sur, Sede Ciudad Autónoma de Buenos Aires (en adelante AR-AHS ARS/CABA) y el Archivo Histórico Salesiano de Argentina Sur, Sede Bahía Blanca (en adelante AR-AHS ARS/BB). A diferencia de otros agentes salesianos que le fueron contemporáneos, Beauvoir realizó escasas intervenciones en la prensa de la Congregación y la mayor parte de los datos recuperables acerca de su labor lingüística se encuentran en dos publicaciones en formato libro (Beauvoir, 1901; 1915) y en los materiales inéditos de archivo, en especial, las Memorias dactilografiadas que habrían sido concluidas circa 1907[3], su correspondencia y otros documentos narrativo-informativos, así como algunos cuadros y un mapa en el que sistematiza las misiones a su cargo. Otros datos de interés provienen de fuentes redactadas en la misma época ya sea por otros salesianos o por personas que se radicaron temporalmente en el territorio.

 

2.    Trayectoria de Beauvoir y vínculos con el pueblo Aonekkenk en el espacio santacruceño

2.1 Periodo 1885-1888

Beauvoir llegó a Santa Cruz siete años después de su arribo a la Argentina. A partir de agosto de 1881 se trasladó a la Norpatagonia (Entraigas, 1969, p. 225). Según distintos documentos de archivo que detallan su biografía,[4] allí realizó distintas misiones volantes, ya sea en soledad o secundando a Juan Cagliero, José Fagnano y Domenico Milanesio, y  acompañó como capellán la columna militar que llegó al lago Nahuel Huapi en 1883, para luego retornar al área de Patagones y Viedma “curtido por las intemperies y con un buen bagaje de experiencia” (Entraigas, 1969, p. 259). Se encontraba en Buenos Aires cuando el gobernador Carlos María Moyano solicitó a Cagliero la instalación de un integrante de la Congregación en el Territorio Nacional de Santa Cruz. Beauvoir fue designado en 1885 como primer Capellán de la Gobernación, y logró que se sumara a su equipo Ángel Savio con el cargo de maestro agrónomo y también el coadjutor Pedro Fossati, quien permaneció por poco tiempo en el lugar.

Luego de que se preparara lo necesario para “establecer una formal Residencia de Misión en parajes de indígenas”[5], los dos últimos arribaron en noviembre de 1885 a la primera capital del territorio establecida entonces en la desembocadura del río Santa Cruz, en tanto que Beauvoir llegó al lugar en marzo del año siguiente. El alcance del territorio que se les solicitó atender era vastísimo: comprendía no sólo “Santa Cruz, capital del Territorio y (…) el paraje antes llamado ‘Misioneros’ y después Cañadón Quemado, asiento de la Gobernación”, sino también otros cuatro distritos: Puerto Deseado, Puerto San Julián, Puerto Río Gallegos y Cabo Vírgenes, todos situados sobre el Atlántico.[6] Savio, en una carta mencionada por Mariela Rodríguez (2010, p. 502, nota 324), ubicaba al pueblo Aonekkenk en varios de estos espacios, como habitantes “unos entre Río Gallegos y el [río] Santa Cruz; otros entre éste y el [río] Chico; y los últimos hacia el Río Deseado”. Según las Memorias de Beauvoir, al encontrarse en el caserío –donde solo residían cuatro familias criollas‒[7] las ocupaciones diarias eran limitadas: consistían en el rezo de las oraciones, la celebración de la Santa Misa, la meditación, el estudio y las labores de la vida cotidiana, y se ampliaban por la tarde a “visitas a algunos de los pocos vecinos, especialmente si había enfermos o niños que instruir”.[8] No obstante, la vida que llevaban “era muy irregular; rara vez nos hallábamos juntos debiendo el uno o el otro andar siempre por los campos entre las familias de los colonos que, si bien eran pocos en número, distaban mucho unos de otros”[9]; y cuando la posibilidad de compartir actividades lo permitía, realizaban visitas y actos de bautismo en los espacios de residencia de las familias tehuelche de los parajes cercanos.[10] Muchos años después, Beauvoir recordaría estas situaciones en una carta, indicando que las localidades visitadas se encontraban en “el interior casi desconocido, sólo transitado por unos centenares de indígenas tehuelches (hombres del sur) que lo recorrían a su antojo”.[11] A su vez, Savio (1887) rememora

que, por falta de medios de transporte, rara vez remonté los dos ríos y pude visitar los toldos más cercanos a la orilla con los caballos que me prestaron. Siempre me recibieron con amabilidad y disposición para aprender lo mejor que pude lo que intentaba enseñar. No puedo describirles cómo, sentado en el suelo en medio del toldo, sobre una hermosa piel de guano o de caballo, me vi rodeado de hombres, mujeres y niños, todos atentos a lo que el misionero les contaba.

 

El alcance de esas misiones volantes comprendía los espacios de residencia trashumante de los parajes cercanos: Okčten, el paso del río Santa Cruz a la altura de la isla Pavón (Bascopé-Julio y García-Oteiza, 2024), “Las Salinas”, “Los Misioneros” y “Korpen Aiken” o “Los Manantiales”. Desde algunos años atrás, cuando aún no detentaba el cargo de gobernador, Moyano contaba con acercamientos previos a las comunidades Aonekkenk, y aspiraba a que “algunas familias Tehuelches” se sedentarizaran en el lugar elegido como centro político del territorio (Lista, [1879] 1998, p. 50). La acción de los salesianos contribuiría a este propósito.

En cuanto a los sitios de interacción y las personas tehuelches participantes en estas, Beauvoir detalla que “los Tehuelches. (Hombres del Sur) venían a menudo al pueblecito, pero más a menudo íbamos nosotros a verles a ellos en sus tolderías para instruirlos y prepararlos a recibir los sacramentos del Bautismo, de la Confesión y Matrimonio”. A continuación, indica:

Yo alcancé a conocer tan sólo algunos restos de cuatro tribus: la del cacique Calacho, desde el río Deseado al San Julián; la del cacique Papon, en las inmediaciones del Santa Cruz; la del cacique Zapa en el río Gallegos y la del Mulato desde Gallegos hasta el estrecho. Oí hablar de una quinta tribu, la del cacique Horqueke la cual andaba por el Norte desde el Deseado hasta el Chubut, cuya tribu fue sorprendida por el General Lorenzo Winter, el año 1884 y llevada a Buenos Aires.[12]

 

En los documentos de archivo que examinamos, se ofrece constancia de que Beauvoir conoció a Papón y a su comunidad. Nacido hacia 1820, era el cacique más importante de los tehuelches una vez fallecido Casimiro y, como líder político, establecía relaciones con los gobiernos chileno y argentino (Aguerre, 2008). En la semblanza que presenta en las Memorias, Beauvoir se manifiesta respetuoso y maravillado ante su presencia:

Qué imponente persona era la de este indio Papón! Aunque ya viejo, pues llevaba sus setenta años sobre los hombros (algunos le daban más de ochenta) aún mostraba erguido todo el cuerpo alto poco menos de dos metros y bien formado. Qué hermoso debía haber sido cuando joven de treinta a cuarenta! No por nada su Tribu lo había elegido por Cacique y probablemente era sólo por su gran presencia sino más bien por sus propios méritos personales no menos que por las hazañas realizadas en su juventud. Aún ahora nadie lo creería viejo sino fuera por las muchas canas que se ven en su cabeza y las abundantes arrugas que surcan su rostro ovalado. Majestuoso en todo su porte, tanto cuando camina como cuando va caballo, su aspecto que cuando mozo debía ser agraciado y alegre, era ahora suave y tranquilo: ojos azules de los que partían miradas ya escrutadoras ya bondadosas, nariz recta, labios y boca regulares bien guarnecida ésta de dientes, la frente espaciosa, alta la barba, en fin, majestuoso como convenía a un Cacique digno y típicamente representativo de la raza tehuelche.[13]

 

En ese segmento describe también en detalle la situación de haberlo visitado estando Papón muy enfermo en cercanías de Okčten. Beauvoir, que se dirigía a visitar a otra persona, se desvía al enterarse de esta situación, acompañado por un hombre tehuelche llamado Kokarr. Si bien Papón hablaba español, el relato ofrece evidencia del rol mediador de Kokarr en la comunicación en aonekko ‘a’ien y el desconocimiento de Beauvoir de esta lengua en ese entonces.[14]

Sobre Calacho también se integra una breve mención en las Memorias, pero en relación a su cercano fallecimiento en esos años.[15] En cambio, según explica Celina San Martín (2018) en base a un texto de Entraigas, Savio lo había visitado en 1887 y había realizado varios bautismos e impartido enseñanzas cristianas en su campamento. En cuanto a Chumjaluwün, también llamado Mulato, no es extraño que Beauvoir lo haya conocido, debido a que este, que era hermano de Papón y solía transitar espacios al oeste y centro del territorio, residió temporalmente en cercanías de Rio Gallegos y mantenía una relación frecuente con algunos agentes salesianos, como Borgatello (1904). Finalmente, como señala Aguerre (2008, p. 90) retomando otras fuentes, Savio había bautizado a un hijo de Zapa. Si su territorio se encontraba entre los ríos Santa Cruz y Gallegos, es probable que Beauvoir lo hubiera conocido en alguna campaña. 

Además de a estos líderes, Savio (1887) refiere haber bautizado a varias personas en el sitio habitado por el cacique “Patria” y su esposa. Caracteriza a este como “anciano excacique… a quien llamé Félix en su bautismo”, aunque él a sí mismo se identificaba como Insel en el intercambio establecido en castellano. En ese trayecto, Savio fue “acompañado de un indígena cristiano y otro que aún no lo es” y luego en dirección a Okčten por “Don Juan Raso, quien me ayudó mucho, pues conocía el idioma de los indígenas”.[16]

Moyano renunció a su cargo en 1887 y fue reemplazado por Ramón Lista, quien definió reubicar la capital del territorio en Río Gallegos, donde también se trasladaron los salesianos. Aun cuando mantenían una misión anual o semestral en la sede anterior, comenzaron a dificultarse las salidas a campo, promovidas según sus dichos por integrantes de las comunidades,[17] por carecerse, según señala Fagnano (1888), “de medios para trasladarse de un lugar a otro en busca de los indios”. En tal contexto, Beauvoir comenzó a ocuparse de la capilla erigida por Lista en Gallegos y también a enseñar sus primeras letras a algunos niños que asistían al catecismo (Entraigas, 1959).[18] Las desinteligencias con el gobernador, quien avalaba fundamentalmente la instrucción laica, llevaron a que en diciembre de ese año le fuera prohibido por decreto continuar con tal función[19] y, asimismo, fuera exonerado del cargo de capellán con el argumento de “por no haberse presentado a ocuparlo”.[20] En estas circunstancias, el rol de Beauvoir en la Congregación fue redirigido durante casi diez años a las sedes de Magallanes en Punta Arenas y en Tierra del Fuego, donde ejerció como primer director de la misión Nuestra Señora de la Candelaria.[21] Para ese entonces, al intentar comunicarse con personas selk´nam, indicaba contar con conocimientos de la lengua tehuelche y de haber reflexionado sobre posibles semejanzas entre ambas.[22]

Se colige de sus dichos, y de su accionar posterior, que fue en esos años en que había podido realizar la recopilación publicada en 1915: “Entre esos [Thehuelches Patagones] he vivido, como Misionero, varios años, desde el año 1885. En ese intervalo tratando con ellos, instruyéndolos y bautizando a muchos, pude recoger un buen número de voces…” (1915, p. 178). En el vocabulario y el fraseario se indican otros nombres propios, entre ellos: Yaikekan, Aoinike Manchao, Chochekavr, Yapchenol, Kochotin y Kankochen. Sobre el primero, cuyo significado era ‘casa del fuego’, aclara que se trataba de un nombre de un indio fallecido que Moyano mencionó y, debido al tabú lingüístico, le “fue obligado a una multa de una yegua – que sacrificaron por el muerto” (1915, p. 198). Manchao, indicado también como “Aoinike” “porque venía del sur”, es el apellido de una familia de Camusu Aike, donde se situó el primer territorio de reserva en 1898.[23] Por otro lado, el tercer apelativo designado corresponde al número “once” y se asocia a una persona tehuelche que mató a un compañero y luego se entregó a la policía. Otros dos nombres propios que se indican en la misma página –Pashuai y Peljon– puede que se refieran a personas Aonekkenk. Finalmente, en el fraseario se menciona a una mujer llamada Kata (1915, p. 197) que tampoco ha podido ser claramente identificada. En síntesis, y no obstante las apreciaciones expuestas, puede observarse que en las fuentes son escasos los datos que permitan situar fehacientemente escenas de documentación y los contextos de uso del idioma desarrollados por este salesiano.

 

2. Período 1898-1926

Ya retirado Lista y estando en funciones otro gobernador, en 1898 Beauvoir regresó a Santa Cruz, donde se radicó por casi treinta años. En sus propias palabras, el principal impulso para ello lo recibió por parte de Fagnano, quien

me mandaba enseguida volver a la Patagonia Meridional para reabrir la [misión] de Santa Cruz interrumpida por falta de personal desde 1888. No contento aún me insistía reiteradamente fuera á visitar las poblaciones que unas después de otras se estaban formando en toda la Costa Patagónica de San Julián, de Puerto Deseado, de la Colonia General Las Heras, la del Lago Buenos Aires entre las Cordilleras de los Andes y fronteras de Chile; en las cuales sin contar los Indigenas [sic] que todavía eran muchos esparcidos en toda la extensión de ese inmenso territorio. Tuve que responderle, que a mi pesar no podría cumplir con esos santos deseos suyos no menos que míos por no tener quien me surrogase [sic] durante mis ausencias que podían ser de muchas semanas, y meses quizás, en la parroquia y Colegios de Niños, y de las Niñas, que las Hermanas no podían conformarse de estar sin Misa y sin sacramentos por tanto tiempo. Así que si de veras quería que yo fuera (como realmente lo deseaba) era indispensable me enviase a alguno que en mi ausencia me pudiera suplir.[24]

 

En ese periodo, Beauvoir actuó como Capellán militar del Destacamento del Batallón de Frontera en Río Gallegos (1901-1907); fue director y confesor en distintos momentos de las Fundaciones de Gallegos, Santa Cruz, San Julián y Puerto Deseado (desde 1902 en adelante) y Vicario Foráneo del Territorio de Santa Cruz (desde 1910 hasta 1926).[25] Como en parte se adelanta en la cita, residió hasta 1914 en Puerto Santa Cruz, pasó 1915 en San Julián y en situaciones de misión, y finalmente se radicó en Puerto Deseado, donde permaneció entre 1918-1919, 1921-1922 y 1924 (Belza, 1980). Fue además entre 1914 y 1915 que la publicación de su libro se concretó en Buenos Aires.

En esas décadas el territorio fue modificando paulatinamente su perfil productivo y demográfico. En sus propias palabras,

La población comenzó a crecer en 1887 debido a la afluencia de muchos emigrantes, que se establecieron cerca de los puertos y fundaron numerosas granjas en el interior. En los campos, que hasta entonces habían sido escenario de indomables incursiones salvajes, la civilización se fue injertando lentamente y la riqueza, el comercio y la industria agrícola comenzaron a fluir. Se formaron varios centros y se establecieron sistemas civiles con un juez de paz, una oficina de policía, tiendas, clubes y teatros (Beauvoir, 1923).

 

En la década de 1920, San Julián contaba con 1.500 habitantes, Deseado con 3.000 y la Colonia Las Heras con 600. A ello se sumaban otros pueblos creados a la vera del ferrocarril y las numerosas estancias.[26] La Congregación también se había expandido y, mediante gestiones y estrategias, lograba cesiones de tierras y concretaba ‒aunque muy dificultosamente‒ la construcción de capillas, colegios y viviendas para los sacerdotes y hermanas.

Un documento mecanografiado en el archivo contabilizaba hacia 1905-1906 2.000 personas tehuelches en el territorio.[27] No obstante, desde esos años en adelante, en diferentes comunicaciones de Beauvoir, el pueblo originario se representa como mestizado o extinto y esa ausencia contrasta con las frecuentes menciones a inmigrantes de otras procedencias, muchos de raigambre católica, como argumento recurrente para contar con más personal para la Congregación.[28] En este sentido, recordemos que en las Memorias consideraba que “Con la muerte de sus jefes estas tribus tehuelches casi cesaban de existir pues que los pocos supervivientes se dispersaron juntándose con los cristianos o con otras tribus” y anunciaba:

Presentemente quedan muy pocos y no caba duda [sic] que, dentro de algunos años más, habrán desaparecido.  Las malas costumbres y el vicio de la ebriedad que algunos foragidos [sic] en forma de negociantes les han arraigado con sus bebidas venenosas son los que los han perdido.[29]

 

Esta ideología de la extinción paulatina “por un destino inexorable” (Beauvoir, 1923) se mantuvo activa a lo largo de su presencia en el lugar. No confronta la expropiación territorial y el borramiento de las prácticas Aonekkenk, sino que plantea una incidencia de la Congregación al respecto, mediante acciones educativas de corte desarrollista. Solicita así, en ese mismo año, al Presidente de la Nación “disponer de dos mil y quinientas hectáreas (2500 hect.) de tierras que deseo ubicarlas cerca de Puerto Deseado para destinarlas a la formación de una Quinta Experimental, enseñando a los Indígenas el cultivo de la tierra”.[30]

Otro dispositivo, en el que se manifiesta la variación de la orientación congregacional hacia este pueblo, es observable en las misiones volantes o estacionales que tuvieron continuidad durante todas las décadas en que actuó en la región. Tanto un reporte[31] como un mapa que él mismo confeccionó[32] dan cuenta de la dimensión espacial, las direcciones y la frecuencia de estas. Como puede observarse, un circuito terrestre unía San Julián y Puerto Deseado con parajes situados al sur ‒Bahía Coinlet‒, el oeste y el noroeste, remontando el río Chico: Paso Ibañez, Cañadón León, La Osamenta, Tamel Aike, Casa de Piedra, Lago Buenos Aires, Colonia Las Heras, Coluel Kaike, Pico Truncado y Jaramillo, y alcanzaba Bahía Laura en la costa del Atlántico. Mediante transporte marítimo, se accedía en dirección norte a Cabo Blanco, Bahía Mazaredo, Caleta Olivia y Puerto Comodoro. A estas misiones, que fueron amplificando recorridos a lo largo de los años, deben sumarse aquellas que, partiendo desde Punta Arenas, alcanzaban la cordillera, el centro del territorio y Puerto Deseado, de a caballo.

 

 

Imagen 1. Selección del mapa que da cuenta de las misiones en Santa Cruz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: AR-AHS ARS/BB

 

Los relatos que dan cuenta de estas salidas al territorio de las misiones también permiten reponer los cambios políticos y sociodemográficos. Si en la primera misión en Río Chico, Gallegos y Coy Inlet en 1886-1888, el sacerdote informaba haber recorrido 4.000 km y realizado 60 bautismos, 50 comuniones y 20 matrimonios, estas cuantificaciones se ampliaron sustancialmente en las primeras décadas del siglo XX, temporalidad en la que asumía haber celebrado 1.430 bautismos, 1.000 primeras comuniones, 238 matrimonios y 900 confirmaciones.[33] De estos recorridos queremos recuperar dos instancias que datan del tramo final de su accionar, en 1919 y 1921. En la primera se da cuenta de una suerte de traslados vertiginosos y continuas recorridas entre pueblos para poder enseñar la catequesis y mantener la administración sacramental:

Hice una recorrida hasta San Julián (58 leguas) en 12 horas al sol y al viento que me machucó mucho. Administré allí 15 Bautismos y 16 Confirmaciones. Bendecí [sic] 3 Matrimonios, varias Confesiones y Comuniones. Siempre piden e insisten que me quede y habría mucho que hacer, pero hay mucho más acá, en Puerto Deseado. Estuve dos veces en Las Heras haciendo 35 Bautismos y 40 Confir. y 6 Matrimonios. Estuve en Jaramillos [sic] y Pico Truncado haciendo 22 Bautis. Confir. y Matrim.[34]

 

La segunda situación, en cambio, expone de modo más crudo cómo las circunstancias políticas se entrelazaban en ocasiones con las motivaciones religiosas. Beauvoir se sumó, junto a otro salesiano “con mi altarcito y todo lo necesario para la Misión”, a una comitiva organizada por el gobernador Ángel Ignacio Yza a un recorrido que abarcó el norte y el oeste del territorio, “dejando atrás leguas y leguas”, con el objeto declarado de bautizar a un séptimo hijo varón ahijado del Presidente.[35] Una primera carta opera a modo de diario de viaje en el que narra lo que va sucediendo hasta el 4 de abril, y promete el envío de nuevos datos en otra misiva, que remite en julio.[36] En ambas se esclarece la otra motivación de ese viaje, que no sólo consistía en realizar el bautismo mencionado así como otros actos sacramentales en el trayecto, sino también tenía la intención por parte del gobernador de concluir con la huelga de los trabajadores rurales. Arribados a la cordillera, el bautismo se realizó el 7 de abril en el Hotel del Lago Buenos Aires. Tres días después, en una estancia de Bajo Caracoles, Beauvoir bautizó a los ocho hijos de Pedro Lagos y a “cuatro de otros indígenas” y a continuación los confirmó “con una brevísima instrucción”. En ese lugar conoció a “Luis Yapé, hermano del indio Bartolo Curu-Huinca cacique de una tribu que en el a. 1882 encontré en el lago Nahuel-Huapy” (subrayado en el original) y se anotició que a pocas leguas había otros “ranchos de indios” que la comitiva le impidió visitar en el apuro de proseguir el viaje. A pesar de que por una semana más se alojaron en distintas estancias, puestos de ovejeros y hoteles o boliches al paso, no se mencionan nuevos encuentros con personas indígenas. Contrastivamente, la carta enviada en julio es uno de los únicos documentos de archivo que ofrecen datos lingüísticos en aonekko ‘a’ien. En ella el salesiano alude al topónimo Tamel Aike paraje situado sobre la ruta 40 en dirección desde la cordillera a Gobernador Gregores y expone su significado y estructura: “Tam’-el-haike (n. tehuelche q’ quiere decir Lugar (adonde encontró) huevos la Hija (con construcción [sic] inversa hija-huevos-lugar)”.[37] Fuera de esta, solo detectamos otra referencia lingüística a este idioma en un manuscrito de archivo[38] en la que se reproduce una lista de palabras que dice haber recordado en la lengua y deseaba incorporar en su libro publicado.

 

Imagen 2. Manuscrito en el que se integra un topónimo tehuelche

 

 

 

 

 

Fuente: AR-AHS ARS/BB

 

 

Imagen 3. Manuscrito en el que indica relación

entre aonekko ‘a’ien y mapuzungun

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: AR-AHS ARS/CABA

 

Los últimos periodos de la vida de Beauvoir en Patagonia se entrelazaron con estadías en Buenos Aires, en 1920 debido a una operación de cataratas que le imposibilitaba ver, leer y escribir, y entre 1923 y 1924 a la espera de la resolución de tramitaciones para obtener recursos dirigidos a la construcción de la iglesia y colegio en Deseado.[39] Asimismo, en tanto había ocupado las capellanías y adoptado la ciudadanía argentina en 1904, a partir de contar con la edad reglamentaria, Beauvoir había intentado tramitar su jubilación.[40] A los 75 años, sin poder resolverse esa demanda, la Congregación dispuso su traslado definitivo a Buenos Aires, donde falleció el 28 de abril de 1930, poco antes de cumplir 80 años. Sus restos retornaron poco después a Santa Cruz y reposan en Puerto Deseado.

 

6. Conclusiones y proyecciones

La consideración de los materiales del archivo de Beauvoir en conjunción con sus publicaciones permitió exponer algunos aspectos poco conocidos del proceso de coproducción en el registro de la lengua tehuelche. Dada la opacidad de los datos, no fue posible distinguir en detalle micro-situaciones específicas de registro, aunque se detectan ciertos espacios comunitarios en los que se habría realizado la anotación y se coligen algunas coproducciones. Además, pudo identificarse cómo el interés por continuar la documentación fue progresivamente desvaneciéndose a medida que las condiciones sociopolíticas y demográficas en el territorio se modificaban. En otro orden, el análisis nos permitió elucidar cómo la distribución de áreas de misión entre las parroquias situadas sobre el Atlántico y la de Prefectura Apostólica de Punta Arenas incidió en los datos lingüísticos relevados, ya que las anotaciones en las que participaron Borgatello y Beauvoir, aunque acuden a instrumentalidades similares, no se observan realizadas en espacios superpuestos, ni comprenden, salvo un caso, a los mismos hablantes.

En el transcurso de la investigación hemos accedido a numerosísimos documentos atribuidos a Beauvoir que forman parte de su archivo en los repositorios salesianos de la Argentina. No obstante, sus anotaciones lingüísticas originales no han sido ubicadas. No está claro si se encuentran sin catalogar en otro espacio de la Congregación Salesiana o si, después de realizar la publicación de 1915, él mismo las destruyó. De modo opuesto, cartas y anotaciones que han sido resguardadas nos han permitido delinear algunas representaciones que sostuvo acerca de este pueblo originario, y atender cómo, en su práctica, la ideología del rescate lingüístico se entrelaza con la de la extinción. La labor como lingüista misionero, en un primer momento, nutrió su actuación como sacerdote en afán de promover conversiones y luego le permitió un ingreso elogiado al ambiente científico; y, en un segundo momento, parece haber dejado de constituir su foco de interés. Al centrarnos en este aspecto de su trayectoria, en este trabajo han quedado pendientes el examen crítico de los contenidos lingüísticos de las fuentes analizadas, su contraste con otras documentaciones del tehuelche en el territorio y continuar la búsqueda exhaustiva de otras descripciones sobre las y los hablantes con quienes se coprodujeron. También sería de interés revisar los materiales de archivo de Savio para conocer si hubo relevamientos lingüísticos en los que participara junto a Beauvoir. Por ello, este artículo no pretende agotar la cuestión, sino contribuir a esbozar nuevas propuestas de investigación en la temática tratada.

 

 

Fuentes

1.       Beauvoir, J. B. (1901). Pequeño Diccionario del idioma Fueguino-Ona con su correspondiente Castellano. Buenos Aires, Argentina: Tipografía Salesiana de Artes y Oficios.

2.       Beauvoir, J. M. (1906). Patagonia Austral. Del Territorio de S. Cruz. Bolletino Salesiano, año XXX, n° 10, octubre de 1906.

3.       Beauvoir, J. M. (1913). Las necesidades espirituales de la Patagonia. (Carta de Beauvoir a Don Albera, Santa Cruz, 22 de octubre de 1912). Bolletino Salesiano, año XXXVII, n° 1, enero de 1913.

4.       Beauvoir, J. M. (1915). Los Shelknam, Indígenas de la Tierra del Fuego. Sus tradiciones, costumbres y lengua. Buenos Aires, Argentina: Talleres gráficos de la Compañía General de Fósforos.

5.       Beauvoir, J. M. (1923). Las necesidades espirituales de la Patagonia. (Carta de Beauvoir a Don Rinaldi, Santa Cruz, 24 de junio de 1923). Bolletino Salesiano, año XLVII, n° 10, octubre de 1923.

6.       Borgatello, M. (1904). Da Punta Arenas ad Ultima Esperanza. (Carta de Borgatello a Don Rua). Bollettino Salesiano, año XXVIII, n° 8, agosto 1904. 

7.       Fagnano, J. (1888). Del Estrecho de Magallanes. Carta de Giuseppe Fagnano a Don Bosco, Punta Arenas. 5 de noviembre de 1887. Bolletino Salesiano, año XII, n° 4, abril de 1888.

8.       Lista, R. ([1879] 2018). Obras. Tomos I y II. Buenos Aires, Argentina: Editorial Confluencia.

9.       Savio, A. (1887). Santa Cruz de Patagonia (Carta de Savio a Don Bosco, Santa Cruz de Patagonia, 5 de diciembre de 1886). Bolletino Salesiano, año XI, n° 9, septiembre de 1887.

 


Referencias bibliográficas

1.       Aguerre, A. M. (2008). Genealogía de familias tehuelches-araucanas de la Patagonia central y meridional argentina. Buenos Aires, Argentina: Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.

2.       Bascopé-Julio, J. y García-Oteiza, S. (2024). Diarios de viaje de Piedrabuena en Fuegopatagonia, 1863-1874. Magallania, 52: 15. https://doi.org/10.22352/MAGALLANIA202452015

3.       Belza, J. E. (1980). José María Beauvoir, pionero de los capellanes sureños. Eco militar, Buenos Aires, año XLII, n° 480, 45-48.

4.       Bosa, B. (2010). ¿Un etnógrafo entre los archivos? Propuestas para una especialización de conveniencia. Revista Colombiana de Antropología, 45 (2), 497-530.

5.       Entraigas, R. A. (1959). Continuación del artículo comenzado en el número anterior, sobre Rdo Padre José M. Beauvoir. Auxilium Christianorum (Auxilio de los Cristianos), Puerto Deseado, año V (22), 1-3.

6.       Entraigas, R. A. (1969). Los salesianos en la Argentina. Volumen Tercero (Años 1879-1883). Buenos Aires: Plus Ultra.

7.       Malvestitti, M. y Nicoletti, M. A. (Comps.) (2022). Salesianos lingüistas en la Patagonia y Tierra del Fuego. Buenos Aires, Argentina: Ediciones Don Bosco Argentina.

8.       Muzzopappa, E. (2022). El quehacer antropológico con documentos y archivos. Etnografías contemporáneas, 8 (15), 90-97.

9.       Rodríguez, M. E. (2010). De la extinción a la autoafirmación: Procesos de visibilización de la Comunidad Tehuelche Camusu Aike (Provincia de Santa Cruz, Argentina), Tesis de Doctorado, Georgetown University.

10.   San Martin, C. (2018). Los papeles del archivo salesiano como memoria material. Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana, 12 (54), 1296-1323.

11.   Zimmermann, K. (2021). La relación de la Historiografía de la “Lingüística Misionera” y de la “Lingüística Colonial”: algunas puntualizaciones. Moenia, 27 [edición en línea] https://doi.org/10.15304/moenia.id8077

 



[1] Este trabajo se inscribe en el proyecto PI UNRN 40-B-1195. Una primera versión fue presentada en el Segundo Congreso de Historia de la Antropología Argentina (CHAA), Tucumán, 16al 18 de octubre de 2024. 

[2] AR-AHS ARS/CABA BJo 2.1. Escritos-Memorias, p. 74.

[3] Efectuamos esta datación debido a que, refiriéndose a un hecho ocurrido en 1887, Beauvoir señala en ese texto: “escribo sobre estas páginas a una distancia de veinte años”, AR-AHS ARS/CABA BJo 2.1. Escritos-Memorias, p. 38.

[4] Entre ellos, AR-AHS ARS/CABA BJo 5.3 Hoja de servicios, pp. 51-56; AR-AHS ARS/CABA BJo 5.3, Carta de Beauvoir a Marcelo T. de Alvear, Buenos Aires, 17 de julio de 1923, pp.154-155; AR-AHS ARS/CABA BJo 5.1, Cenni biografici del Sac. Salesiano D. Giuseppe Bevoir [sic] Missionario dalla Patagonia e Terra del Fuoco – morto santamente il 28 Apr. 1930 in Buenos Aires, Almagro Collegio Pio IX di 80 anni di età.

[5] AR-AHS ARS/CABA BJo 2.1. Escritos-Memorias, p. 17.

[6] AR-AHS ARS/CABA BJo 2.1. Escritos-Memorias, p. 18.

[7] “Cuando llegué allí por primera vez, el indio vagaba casi solo por la inmensa pradera del desierto, habiendo muy poca gente civilizada. En Puerto Deseado había tres familias, en S. Julián sólo una, en Santa Cruz, capital del Territorio, cuatro: la del Gobernador, el Capitán de Puerto, el Comisario y un comerciante; incluso en Río Gallegos, sólo tres o cuatro” (Beauvoir, 1923).

[8] AR-AHS ARS/CABA BJo 2.1. Escritos-Memorias, p. 27.

[9] AR-AHS ARS/CABA BJo 2.1. Escritos-Memorias, p. 18.

[10] AR-AHS ARS/CABA 2.1. Escritos-Memorias, p. 32.

[11] AR-AHS ARS/CABA 5.5.2 Carta de Beauvoir a Giulio Barberis, Buenos Aires, 2 de setiembre de 1914 (traducción nuestra, en italiano en el original).

[12] AR-AHS ARS/CABA BJo 2.1. Escritos-Memorias, pp. 27-28.

[13] AR-AHS ARS/CABA BJo 2.1. Escritos-Memorias, p. 31.

[14] AR-AHS ARS/CABA BJo 2.1. Escritos-Memorias, pp. 29-30. Afortunadamente, Papón se recuperó de su enfermedad; aunque falleció en pocos años, en 1892.

[15] AR-AHS ARS/CABA BJo 2.1. Escritos-Memorias, p. 31.

[16] Según Entraigas, Savio había contactado a “[o]tro aborigen que hablaba bastante castellano [y] le sirvió de intérprete para alternar con un indio principal del interior. Este lo escuchaba con mucho respeto y lo invitó a ir a sus toldos para instruir a sus hijos” (1972, p. 322).

[17] “Pero era necesario que me quedara en la Misión y por eso no fui, a pesar de las oraciones de algunos líderes tribales que vinieron a Río Gallegos por sus tiendas” (Beauvoir, 1906, en referencia a una situación del pasado).

[18] Recordemos que, además de contar con titulación, Beauvoir se había dedicado a la función docente en el colegio salesiano de Buenos Aires apenas arribado a esta ciudad y posteriormente ejerció el rol con niños indígenas en Patagones (Entraigas, 1969, p. 37 y p. 234). El interés por la ampliación de espacios para la educación en los territorios se mantuvo a lo largo del tiempo, no solo contribuyendo a la enseñanza, sino también mediante la gestión de la fundación de escuelas.

[19] La carta manuscrita original se encuentra en AR-AHS ARS/CABA BJo 5.5.1, Carta de Ramón Lista a Beauvoir, Gallegos, 18 de diciembre de 1888, p. 253; obra una copia mecanografiada en AR-AHS ARS/CABA BJo 5.2., p. 12; el hecho es relatado también en AR-AHS ARS/CABA BJo 2.1. Escritos-Memorias, pp. 58-59.  

[20] AR-AHS ARS/CABA Beauvoir 5.3, Nota al Presbítero D. José M. Beauvoir, Río Gallegos, 14 de marzo de 1890, p. 17. En un oficio del gobernador dirigido al ministro del Interior se informa de la situación y se propone destinar el salario de capellán a “dar educación a cuatro niños indígenas Tehuelches que serían enviados a Buenos Aires como internos de la Escuela de Artes y Oficios u otra cualquiera, en que pudieran aprender cosas útiles y beneficiosas para ellos y para sus familias.”, solicitud que fue desestimada por el  Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción pública (AR-AHS ARS/CABA BJo 5.3.,Carta de Ramón Lista al Ministro del Interior, A bordo de Villarino, 3 de febrero de 1890, pp. 11-12; Carta de Filemón Torres al Ministro del Interior, Buenos Aires, 1 de marzo de 1890, pp. 13-14).

[21] En ese lapso también viajó a Italia, donde permaneció algunos meses de 1892 como partícipe de la Exposición Colombiana, a la que viajaron jóvenes indígenas de Patagonia, ninguno de ellos del pueblo Aonekkenk.

[22] AR-AHS ARS/CABA BJo 2.1. Escritos-Memorias, p. 28.

[23] En el archivo se encuentra copia del Decreto del 11 de enero de 1898 firmado por Uriburu en el que se otorga permiso para que se establezca “la tribu indígena Tehuelche del territorio de Santa Cruz” en los lotes 16, 17 y 24, fracción A, 20 y 21, fracción B, sección XXIII (AR-AHS ARS/CABA BJo 5.5.2, p. 37). Acerca del desarrollo posterior de esta comunidad, ver Rodríguez (2010, p. 303, nota 205).

[24] AR-AHS ARS/CABA BJo 5.1 Carta de Beauvoir a Domingo Cerrato, Buenos Aires, 9 de enero de 1923, subrayado en el original.

[25] AR-AHS ARS/CABA BJo 5.3 Certificado Arzobispado de Buenos Aires, 2 de enero de 1917; AR-AHS ARS/CABA BJo 5.3. Revdo. Padre José María Beauvoir. Cambios de residencia, Buenos Aires, 9 de mayo de 1930.

[26] AR-AHS ARS/CABA 5.6 BJo Carta de Beauvoir a Paolo Albera, Buenos Aires, 8 de agosto de 1920.

[27] AR-AHS ARS/CABA BJo 5.2. Río Gallegos.

[28] AR-AHS ARS/BB 4 BJo.3.1. 1238-F25_02 Carta de Beauvoir a Luis J. Pedemonte, Puerto Deseado, 15 de enero de 1922.

[29] AR-AHS ARS/CABA BJo 2.1. Escritos-Memorias, p. 31 y p. 28 respectivamente.

[30] AR-AHS ARS/CABA BJo 5.5.1. Carta de Beauvoir a Marcelo T. de Alvear, Buenos Aires, 18 de octubre de 1923. 

[31] AR-AHS ARS/BB 4 BJo.2.1.1 1238 F1 Misión del P. Beauvoir.

[32] AR-AHS ARS/BB 4 BJo 2.1.6 1238 F7 Viajes de Misión del Sacerdote Don José M. Beauvoir en la Patagonia Argentina 1880-1924.

[33] AR-AHS ARS/BB 4 BJo. 2.1. 1 1238 F1 Misión del P. Beauvoir.

[34] AR-AHS ARS/BB 4 BJo.3.1. 1238-F24_03 Carta de Beauvoir a Luis J. Pedemonte, Puerto Deseado, 20 de […] de 1919.

[35] AHS ARS/BB 4 BJo.3.1. 1238 F25_ 01, Carta de Beauvoir a Luis J. Pedemonte, San Julián, 28 de abril de 1921.

[36] AR-AHS ARS/BB 4 BJo.3.1. 1238 F4 Carta de Beauvoir a Luis J. Pedemonte, Puerto Deseado, [...] de julio de 1921.

[37] AR-AHS ARS/BB 4 BJo 3.1. 1238 F4 Carta de Beauvoir a Luis J. Pedemonte, Puerto Deseado, [...] de julio de 1921, subrayado en el original.

[38] AR-AHS ARS/CABA BJo 5.5.1 Los Araucanos derivan de los Thehuelches. En el extremo superior derecho se indica. “Estas palabras recordé mientras dictaba la carta que le envío y que pondré en cada ejemplar del libro – Los Shelknam”. 

[39] AR-AHS ARS/BB Bjo 3.1 F4, Carta de Beauvoir a Inspector Luis J. Pedemonte, Puerto Deseado, 18 de febrero de 1924. 

[40] AR-AHS ARS/CABA BJo 5.3. Nota de Beauvoir al Presidente de la Contaduría General de la Nación Juan B. Brivio, Buenos Aires, 21 de diciembre de 1916.